9 de marzo de 2020

2010-2019: Los directores de la década

Tras el repaso general que he hecho a las películas más importantes de las plataformas de streaming quiero centrarme en los directores que más han destacado durante los últimos diez años. Para elegir estos 25 directores me he basado en la calidad de sus películas, en los premios recibidos, la recaudación en taquilla y, sobre todo, en el entusiasmo que ha mostrado el público por el conjunto de sus obras, sin dar importancia a que sean más o menos minoritarias. Sé que dejo fuera grandes directores que nos han dejado estupendas películas estos años como los hermanos Coen, Richard Linklater, Park Chan-wook, Danny Boyle, Michael Haneke, Woody Allen, Taika Waititi, Mia Hansen-Løve, Pedro Almodóvar, los hermanos Dardenne, Jordan Peele, Icíar Bollaín, J.C. Chandor, Paul Thomas Anderson, Alexander Payne, Xavier Dolan, Sam Mendes, Rodrigo Sorogoyen, Noah Baumbach, Rian Johnson, Edgar Wright, Steve McQueen o Jeff Nichols; pero que algunas de sus películas durante estos años hayan tenido un bajón de popularidad o calidad respecto al resto de sus obras me han obligado a considerarlos por debajo de los aquí expuestos.

Una vez justificada esta decisión tan subjetiva, procedamos.


Christopher Nolan

El director inglés es el director estrella de la década. Consigue entusiasmar con cada uno de sus estrenos a los millones de fans que tiene repartidos por el mundo y hasta sus mayores detractores reconocen que la calidad de sus grandes producciones se encuentran muy por encima de la media.
La obsesión por jugar con el tiempo que dejó clara desde sus primeras obras de culto (la poca conocida Following (1998) y Memento (2000)) ha sido uno de los principales ejes de su filmografía durante esta década. En Origen (2010) nos mostraba que la concepción del tiempo era diferente dentro de los sueños, con Interstellar (2014) nos explicó que en cada rincón del universo el tiempo transcurre a distintas velocidades y en Dunkerke (2017) nos sumergió en una guerra donde unos días, horas o minutos pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. Solamente en el cierre de su trilogía de Batman, El caballero oscuro: La leyenda renace (2012), se aleja tangencialmente del tema, aunque el cambio que sufre la ciudad de Gotham con el paso del los años y los meses tenga su importancia en la trama.

Poco amigo de ese mal endémico del cine actual de meter chistes cada cinco minutos en sus películas, es uno de los pocos directores de Hollywood que escribe todos sus guiones —a veces criticado por ser demasiado explicativos— y le gusta trabajar con actores reconocidos como Leonardo Di Caprio, Christian Bale, Tom Hardy, Matthew McConaughey, Anne Hathaway o Michael Caine. Pero si ha tenido un colaborador fiel, además de su hermano, ese es su compositor de cabecera, Hans Zimmer, con el que ha colaborado en todas sus películas desde El caballero oscuro (2008).

Pese a ser uno de los nombres más importantes del cine del siglo XXI nunca ha ganado un Óscar, a pesar de ser nominado en tres ocasiones: una como director de Dunkerke, y dos como guionista de Memento y Origen. Lo que hace pensar que le puede ocurrir como a Hitchcock, ser adorado por el público e ignorado por la academia de Hollywood. Pero como el maestro del suspense, de lo que no hay duda es que con los trabajos que ha realizado estos diez años, los que ofreció los diez anteriores y lo prometedor de sus años venideros, es que es uno de esos directores que permanecerá en el tiempo. Ese tiempo tan escurridizo que tanto le obsesiona.



Quentin Tarantino

Solo hay un director que le puede hacer sombra a Christopher Nolan en el interés que despierta en el público, y ese es Quentin Tarantino. Pese a que nunca ha sido tan taquillero como su colega inglés (ninguna de sus películas ha superado los 200 millones de dólares de recaudación en Estados Unidos) sus diálogos, su desmedida cinefilia, su inolvidable humor negro y su gusto por la sangre ha encandilado a los cinéfilos desde sus inicios en los 90.
Pese a la gran diferencia de estilo que presentan estos dos directores tienen puntos en común, como es ser otra rara avis que escribe y dirige; contar con grandes estrellas en su reparto como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Christoph Waltz o su fiel amigo Samuel L. Jackson y darle mucha importancia a la música, aunque en su caso en lugar de contar con un compositor de cabecera —por mucho que adore a Morricone— eligiendo con una precisión de cirujano la canciones que suenan en cada escena.

Aunque siempre contemporáneo, su filmografía ha estado marcada esta década por el género western, pero mientras en sus dos primeras películas, Django desencadenado (2012) y Los odiosos ocho (2015), se decantaba claramente por este género, en su última película, Érase una vez en... Hollywood (2019), era una carta de amor a ese género desde el corazón de la industria del cine de los 60.

Su relación con los premios es más provechosa que la Christopher Nolan, ya que además de llevarse la prestigiosa Palma de Oro en el festival de Cannes por Pulp Fiction (1994) ha ganado en dos ocasiones el Óscar a mejor guionista, la última de ellas por Django desencadenado. Solo le queda quitarse la espinita del premio al mejor director, quién sabe si se lo llevará antes de su décima y supuestamente última película.



David Fincher

Al igual que Nolan y Tarantino, David Fincher es otro de esos directores que solo con su nombre justifican la compra de una entrada de cine. Al igual que sus colegas empezó en los 90 y a día de hoy tiene un estatus que se ha ido ganando película a película. Por desgracia para los cinéfilos los últimos años de la década se ha centrado más en series como House of Cards  o Mindhunter, pero aún así los proyectos cinematográficos en los que se ha embarcado justifican de sobra el estar en esta lista.
Aunque su nombre está vinculado al thriller empezó la década con un drama sobre la creación de Facebook, un tema a priori poco interesante que el director convirtió en puro oro. El guión de Aaron Shorkin, la banda sonora de Atticus Ross y Trent Reznor, la estupenda interpretación de Jesse Eisenberg y la milímétrica precisión de Fincher dio como resultado uno de los mejores biopics de la historia del cine.

Tras La red social (2010) el director volvió al género que mejor se desenvuelve con Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011), un thriller que funciona como un reloj suizo pero cuyo éxito en taquilla se resintió debido a la versión sueca del famoso libro que se hizo solo dos años antes. Se resarciría de este fracaso pocos años después con Perdida (2014), otra adaptación de un bestseller que se convertiría en el mayor éxito de su carrera y que dejaría para la posteridad uno de los personajes más retorcidos de la historia del cine (y no digo cual o entraría en el terreno de spoilers).



Denis Villeneuve

Si hay un director que haya despegado esta década y que pueda competir cara a cara con los tres nombres mencionados anteriormente ese es el canadiense Denis Villeneuve. 
Aunque realizó varias películas en Canadá que le reportaron reconocimiento en su tierra natal, no fue hasta que Incendies (2010) estuvo nominada al Óscar a la mejor película en habla no inglesa que el mundo cinéfilo fijó sus ojos en él. Y no es de extrañar, ya que este viaje al Líbano de dos hermanos canadienses para entregar unas cartas a dos personas vinculadas a su madre fallecida es una gran intriga con una fuerte carga dramática que la gente no olvida con facilidad.

Pese a que la película no se llevó el preciado premio, le permitió dirigir su primera película en Estados Unidos, Prisioneros (2013), uno de los mejores thrillers producidos en Hollywood en estos años. Esta historia sobre la investigación de dos niñas desaparecidas está protagonizada por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal, que ese mismo año también protagonizó la segunda película de Villeneuve en Estados Unidos, la críptica Enemy (2013), una adaptación de culto de El hombre duplicado de José Saramago.

Tras la estupenda entrada en el cine internacional que supuso esas dos película tan diferentes el director se lanzó a su primera película de acción con Sicario (2015), a la que pertenece la tensa escena en la que un convoy intenta cruzar la frontera entre México y Estados Unidos con la que terminó de convencer a los cinéfilos de que estábamos ante un gran director.

Pero cuando su nombre realmente empezó a ser conocido por el gran público fue con La llegada (2016), una película de ciencia-ficción dura cocida a fuego lento que sorprendió con su novedoso argumento. El éxito de esta película le abrió las puertas al que fue su proyecto más ambicioso de la década, Blade Runner 2049 (2017), la secuela del clásico de Ridley Scott que sorprendió al mundo en los 80.

Pese a la dificultad de enfrentarse a la continuación de un título de culto que es considerado una de las mejores películas de ciencia-ficción de la historia, Villeneuve estuvo a la altura. Fue capaz de actualizar su innovadora estética, mantener el tono de cine negro de la película original y llevar la historia un paso más allá. Pese a ello fue una decepción en taquilla como fue la anterior película, pero al igual que aquella no hay duda de que es una gran película que se seguirá viendo en el futuro.



Los tres amigos

La culpa de que ninguno de los directores anteriormente mencionados hayan un olido un Óscar al mejor director esta década es debida a "los tres amigos", sobrenombre con el que se conoce a los directores mexicanos Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro. Solo ellos tres se han llevado la mitad de los Óscars de esta década, siendo Guillermo del Toro el único que no ha hecho doblete.

Iñárritu no solo ha sido capaz de ganar dos premios de la Academia de Hollywood esta década, sino que ha tenido el mérito de llevarse el Oscar a mejor director dos años consecutivos, hazaña que solo se había dado en dos ocasiones anteriormente. El primer director que lo consiguió fue John Ford, premiado por Las uvas de la ira (1940) y ¡Qué verde era mi valle! (1941), y el segundo, casi 65 años antes del mexicano, es Joseph L. Mankiewicz, que los ganó por Carta a tres esposas (1949) y Eva al desnudo (1950).
Su primera película de la década fue Biutiful (2010), un drama ambientado en Barcelona que seguía la estela de sus anteriores películas —Amores Perros (2000)21 gramos (2003) y Babel (2006)—. Aunque nominada a los Óscars como mejor película extranjera, la cinta fue más reconocida por la estupenda actuación de Javier Bardém —se llevo el premio a mejor actor en el festival de Cannes y su tercera nominación al Óscar— que por la labor de Iñárritu.

Tras su segunda película mexicana “El Negro” volvió al cine estadounidense con dos películas que tenían un nexo en común: los planos secuencia. Tanto Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia) (2014) como El renacido (2015) destacan por utilizar este recurso cinematográfico no solo para demostrar su virtuosismo técnico, sino por ponerlo servicio de la historia.

Estas dos películas no hubieran sido posibles sin el buen ojo de Emmanuel Lubezki, su director de fotografía en ambas obras, que ya había demostrado su buena mano en esas lides con su otro compatriota, Alfonso Cuarón.
Y es que "Chivo", apodo con el que se conoce a Lubezki, también se encargó de la fotografía de Gravity (2013), esa experiencia inmersiva en 3D que permitió a los espectadores viajar al espacio como nunca antes y a Cuarón ganar su primer Óscar a mejor director.

Gravity es una película de ciencia-ficción con estrellas de la talla de Sandra Bullock y George Clooney que demostraba el poderío visual de Alfonso Cuarón al frente de una gran producción. Pero mientras que su colega Iñárritu ganó sus dos Óscars con dos películas con un nexo en común, Cuarón ganó su segundo galardón con una película radicamente diferente: un drama intimista rodado en blanco y negro y en español. Roma (2018) es una muestra de que el cineasta mexicano es capaz de  moverse con soltura en cualquier proyecto en el que se embarque y supuso para Netflix el primer gran premio de su trayectoria con el León de Oro del Festival de Venecia y su primera nominación a la mejor película en los Óscars.

Y es que ganar un premio en alguno de los festivales más prestigiosos del mundo suele asegurar alguna nominación a los premios más famosos del mundo, pero no es tan habitual llevarse ambos galardones. De hecho, en estos últimos diez años, solo ha habido dos película que haya ganado el Óscar a la mejor película y haya sido elegida la mejor película de un festival, una de ellas es Parásitos (2019) y la otra La forma del agua (2017) de Guillermo Del Toro, que además de la estatuilla dorada se llevó a casa el León de Oro.
Este logro es mayor si se considera que Del Toro es un director vinculado al terror y la fantasía, géneros bastante denostados por los grandes premios pero que han permitido al director mexicano tener el reconocimiento del público, sobre todo de una legión de fans que le adora tanto cuando se involucra en superproducciones como Pacific Rim (2013) como en proyectos personales como La cumbre escarlata (2015).



Kathryn Bigelow

Si el logro de los tres directores mexicanos en los Óscars es digno de mención lo de Kathryn Bigelow es directamente histórico, ya que en 2010, se convirtió en la primera directora en ganar un Óscar
Dicho galardón no solo fue un hito para la industria de Hollywood sino que significó el colofón de una carrera cinematográfica atípica para una directora que ha plagado su filmografía de películas de culto en géneros tan dispares como el terror —Los viajeros de la noche (1987)—, la acción —Le llaman Bodhi (1991)— o la ciencia ficción —Días extraños (1995)—.

En este caso el premio le llegó por En tierra hostil (2008), un drama bélico ambientado en la guerra de Irak, que por aquel entonces todavía estaba lejos de terminar. Pero mientras que dicha película narraba una historia ficticia que se desarrollaba en un conflicto todavía en proceso, su siguiente película, La noche más oscura (2012), sería un meticuloso relato que, en forma de thriller, narraba con supuesta fidelidad cómo se acabó con la vida del líder de Al-Qaeda, Osama Bin Laden.

El oportunismo de su estreno un año después de que los hechos reales sucedieran y el uso propagandístico que se le quiso dar no empañó el estreno de la película, que se convirtió en la película más taquillera de su cinematografía.

Pero por desgracia este éxito no se repitió en su siguiente proyecto basado en una historial real, Detroit (2017), un estupendo thriller que narraba uno de los incidentes que ocurrieron durante los disturbios raciales que sacudieron la ciudad de Detroit en 1967 y que, 50 años después, todavía se pueden extrapolar a la actualidad.



Damien Chazelle

Además del primer Óscar al mejor director concedido a una mujer, esta década también tuvo otro hito, ya que Damien Chazelle se convirtió con 32 años en el director más joven de la historia en recibir la estatuilla dorada en dicha categoría.
Dicho reconocimiento fue debido a su labor en La la Land (2016), que ya se ha convertido en unos de los musicales más queridos por el público, a la altura de los clásicos que homenajea la película.

Aunque el musical protagonizado por Emma Stone y Ryan Gosling significó la eclosión de Damien Chazelle para el gran público, el joven director ya había demostrado su buen hacer tras las cámaras dos años antes en una pequeña película también vinculada a la música jazz, Whiplash (2014). Este drama independiente se financió gracias al recibimiento que tuvo en el Festival de Sundance un corto de prueba que realizó con una escena de la película y pese a que la película no tuvo una carrera comercial fulgurante en sus primeros pases la nominación a la mejor película de ese año la acabó convirtiendo en un pequeño sleeper.

El niño prodigio de Hollywood corrió peor suerte en la carrera de los Óscars con su siguiente película, First Man (El primer hombre) (2018), pese a que partía como una de las favoritas del año. Seguramente en su tibio recibimiento influyó que en lugar de centrarse en el mundo de la música que tan bien conoce y con el que había enamorado al público, el director decidiera contar la llegada de Neil Armstrong a la luna con un drama efectivo pero poco efectista.

Aún así su futuro se presenta prometedor y parecen lejanos los años en los que empezó su carrera como guionista en películas de terror como El último exorcismo II (2013) o thrillers como 10 Cloverfield Lane (2016) o la española Grand Piano (2013).



David O. Russell

Y si la década terminó con el descubrimiento de Damien Chazelle, los inicios de la década estuvieron marcados por la irrupción de David O. Russell en los Óscars, que consiguió estar nominado a la mejor dirección con tres películas consecutivas, convirtiéndose en el director más nominado de la década.
La carrera del director californiano ya había brillado anteriormente con Tres reyes (1999), una satírica película bélica que tuvo un buen recibimiento de crítica y público. Sin embargo durante los siguientes años su carrera mantuvo un perfil tan bajo que se podría haber pensado que el éxito de la película protagonizada por George Clooney y Mark Wahlberg había sido algo fortuito.

Por eso, cuando irrumpió en las carteleras con The Fighter (2010), un drama basado en una historia real acontecida en el mundo del boxeo, nadie podía imaginar que sería la primera de una serie de películas que pondría su nombre entre los más importantes del cine de Hollywood.

Tras la cinta que le proporcionó un Óscar a Christian Bale, David O. Russell se embarcó en una comedia romántica atípica que juntaba a dos de las estrellas emergentes del momento, Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, con el incombustible Robert De Niro. Con este elenco El lado bueno de las cosas (2012) consiguió aumentar el número de nominaciones de su anterior película a 8, ya que todo el reparto fue nominado, aunque solo Jennifer Lawrence consiguiera llevarse la estatuilla a casa. Todo un logro para una comedia romántica, género poco habitual en este tipo de premios.

Con los tres actores repetiría en sus dos siguientes películas: La gran estafa americana (2013), una comedia criminal ambientada en los años 70 que además de ser su película más taquillera supuso otro aluvión de nominaciones a los Óscars, y Joy (2015), una comedia dramática que pese a no ser el éxito que se esperaba, ha soportado bien el paso del tiempo gracias a la interpretación de su fiel actriz.

Desde entonces no hemos vuelto a tener ningún trabajo de David O. Russell, ya que se embarcó en la producción de una serie para Amazon con Robert de Niro y Julianne Moore que fue cancelada tras el escándalo de Harvey Wenstein, su productor. Confiemos en que los próximos años nos vuelva a ofrecer propuestas tan interesantes como las que los dio esta década.




Steven Spielberg

Puede que Steven Spielberg no esté en la cima como estuvo años atrás, pero sigue siendo uno de los directores más importantes de la década y sin duda, uno de los más prolíficos, ya que en estos 10 años ha estrenado 7 películas, cifra solo superada por un director en toda la presente selección.
Con este volumen de producción no es de extrañar que haya sido el único director capaz de meter hasta 4 de sus películas entre las mejores de cada año según la Academia de Hollywood, aunque nunca se encontraran entre las favoritas al galardón.

Casualmente esas cuatro nominadas son películas que nos recuperan al Spielberg más interesado en la historia, aquel que nos entregó El color púrpura (1985)La lista de Schindler (1993) y Salvar al soldado Ryan (1998). En este caso sus películas históricas son un drama que recrea cómo consiguió Abraham Lincoln abolir la esclavitud en Lincoln (2012), una película bélica de un caballo durante la primera guerra mundial en War Horse (Caballo de batalla) (2011), un thriller de espionaje sobre un intercambio de espías en un Berlín que estaba siendo divido por el muro en El puente de los espías (2015) y una drama ambientado en los años 70 sobre cómo fue la publicación en prensa de un reportaje periodístico sobre la Guerra de Vietnam en Los archivos del Pentágono (2017).

Pero este Spielberg más serio ha sido capaz de convivir con el más lúdico, y mientras otros piensan en la jubilación él ha sido capaz de ofrecernos una aventura digna del mejor Indiana Jones con su primera película animada, Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (2011); una historia de ciencia-ficción ambientada en un mundo virtual pero con el espíritu aventurero de sus viejas producciones para Amblin en Ready Player One (2018) y su película más fallida de la década, la aventura infantil de Mi amigo el gigante (2016).



Martin Scorsese

Junto a Spielberg, el otro clásico del cine que parece tener una salud de hierro es Martin Scorsese. Tras ganar en 2007 un Óscar que se llevaba mereciendo desde hacía mucho tiempo, el neoyorkino ha tenido una década muy productiva donde ha tenido la oportunidad de tocar diversos géneros.
Empezó la década con su cuarta colaboración con Leonardo DiCaprio en Shutter Island (2010), un thriller que adaptaba una novela de Dennis Lehane, autor que ya había sido llevado exitosamente a la gran pantalla en Mystic River (2003) y Adiós pequeña, adiós (2007).

Tras esta colaboración con su actor fetiche durante el siglo XXI, Scorsese cambió de tercio y entregó una de sus películas más inusuales, la infantil La invención de Hugo (2011), donde se dio el lujo de experimentar con el 3D. Cualquiera podría pensar que era una película alejada de las temáticas que suele abordar el director en su filmografía, pero el amor por el cine que derrocha esta fantástica aventura no deja lugar a duda que tras la cámara se encuentra un cinéfilo empedernido como Scorsese.

Y tras un thriller y una película de aventuras llega el momento álgido de Scorsese en los 2010's con una comedia, El lobo de Wall Street (2013). Este biopic sobre el ascenso y caída de un corredor de bolsa se convierte en una de las películas más representativas de la década, actualizando el tipo de cine que Scorsese desplegó en Uno de los nuestros (1990) o Casino (1995) pero sustituyendo a los mafiosos por brokers sin escrúpulos. Un Leonardo DiCaprio pletórico —que por aquel entonces ya se había convertido en un meme recurrente por ser el eterno perdedor de los Óscars— es el protagonista absoluto de una cinta que cuenta con algunas escenas que ya forman parte de la historia del cine y que sirvió como plataforma de lanzamiento de Margot Robbie.

Y tras la película más taquillera de su carrera el director volvió a dar una cambio de rumbo con la realización de Silencio (2016), un drama teológico que vuelve a centrar su historia en la religión, como ya hiciera anteriormente en La última tentación de Cristo (1988) y Kundun (1997). Pese a ser una magnífica película y estar protagonizada por actores como Liam Neeson, Andrew Garfield y Adam Driver la película fue un fracaso económico que también fue ignorada por la Academia.

Y así llegamos hasta el final de la década con el mediático estreno de la impresionante El irlandés (2019), uno de los principales bastiones de Netflix para los Óscars que devuelve a Scorsese al género con el que más se le relaciona: el cine de mafiosos. Una vuelta que le permite realizar la adaptación de un libro tras el que llevaba varias décadas, reunir a los actores que protagonizaron algunas de sus películas más famosas y experimentar con el rejuvenecimento digital de Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Harvey Keitel y Al Pacino.



Wes Anderson

Pero vamos a dejar atrás estos dos grandes clásicos para fijarnos en uno de los autores más personales del siglo XXI, Wes Anderson.
El director texano empezó a hacerse famoso entre los cinéfilos con la excelente Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001), una película que tuvo muy buen recibimiento de taquilla gracias a la aparición de Ben Stiller, que por esos años triunfaba en cines con Algo pasa con Mary (1998)Los padres de ella (2000). Ese éxito no se volvió a repetir con los proyectos que desarrolló los siguientes años, ya que su particular humor no encaja con el que las grandes audiencias suele consumir. Sin embargo, le sirvió para que se creara un legión de fans que le fue fiel durante toda la década pasada.

Y cuando parecía que Wes Anderson se iba a quedar para siempre como un director de nicho llegaron dos de sus mayores éxitos. El primero fue Moonrise Kingdom (2012), una curiosa comedia sobre la búsqueda de dos jóvenes perdidos que, como siempre en sus películas, contaba con secundarios de la talla de Bruce Willis, Edward Norton o Bill Murray.

La película, además de tener un considerable éxito de taquilla (no olvidemos de que no estamos hablando de una superproducción), abrió el festival de Cannes 2012 y estuvo nominada a varios premios. Pero no fue nada comparado con lo que vendría después, ya que con El Gran Hotel Budapest (2014), además de conseguir reunir un reparto de ensueño con nombres como Ralph Fiennes, Edward Norton, Jeff Goldblum, Jude Law, Willem Dafoe, Adrien Brody, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Jason Schwartzman, Bill Murray u Owen Wilson, fue nominada a varios Óscars, premiada en los Globos de Oro como mejor comedia y ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Y no es de extrañar, ya que con su octava película conseguía perfeccionar el estilo que llevaba desarrollando toda su carrera, con sus característicos planos estáticos, paneos, gamas cromáticas y simetrías.

Después de ese gran éxito el cineasta volvió al mundo de la animación stop-motion —técnica con la  que ya había trabajado en Fantástico Sr. Fox (2009)— con Isla de perros (2018), donde de nuevo unos animales eran los protagonistas de la película. Esta historia sobre unos perros abandonados es una isla de Japón devolvieron a Wes Anderson a ese cine minoritario en el que se mueve como pez en al agua hasta que otro repentino éxito llame a su puerta.



Asghar Farhadi

Llegados a este punto creo que es el momento de dejar de hablar de directores anglosajones para poner nuestro foco en directores de otras latitudes, y creo que Asghar Farhadi es el idóneo para empezar con ello. Principalmente porque es el único director de esta lista que tiene dos películas que hayan ganado el Óscar a mejor película (de habla no inglesa, evidentemente).
El director iraní empezó a ser conocido en estas latitudes al ganar el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín  por A propósito de Elly (2009). Con esta película, donde la desaparición de una profesora durante un fin de semana en la playa inicia un suspense donde los personajes sacan a relucir sus rencillas personales, demostró al mundo que el cine iraní era más que dramas costumbristas.

Pero si aquella película daba muestras de que era un director a tener en cuenta más allá de los festivales fue con su siguiente película, Nader y Simin, una separación (2011), donde se consolidó como uno de los directores más importantes de la década y confirmaba la influencia de Hitchcock y el neorrealismo italiano en su cine. Un cine donde sabes que los personajes ocultan algo, pero nunca sospechas el qué ni sus motivos, y que cuando esos secretos salen a la luz te das cuenta que, como en la vida real, las cosas nunca son blancas o negras.

Aunque resultaba muy difícil que Asghar Farhadi superase su obra maestra, con El pasado (2013), realizada en Francia, y El viajante (2016) volvió a demostrar que es un genio de las pequeñas intrigas familiares, terminó de definir su estilo y se llevó otro Óscar, dos nominaciones a los Globos de Oro y un premio al mejor guión en Cannes.

Y para cerrar esta década prodigiosa, su último thriller costumbrista, que relata la desaparición de una joven durante una boda, lo realizó en España reuniendo a un elenco con lo más granado del cine nacional — Penélope Cruz, Javier Bardem, Eduard Fernández, Inma Cuesta— y la estrella del cine argentino Ricardo Darín.



Hirokazu Koreeda

El segundo director que quiero destacar fuera de tierras anglófonas lo encontramos en Japón, que nos trae al realizador más prolífico de la lista, que ha estrenado 8 películas en España en estos diez años.
Hirokazu Koreeda empezó su carrera cinematográfica como director de documentales, pero desde que a finales de los 90 se llevara el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) en el festival de San Sebastian con After Life (1998), su carrera ha estado ligada a los dramas.

El tokiota empezó la década con Air Doll (Muñeca de aire) (2009), una preciosa fábula sobre una muñeca hinchable que cobra vida. Una historia que contada por otra persona podría convertirse en algo vulgar o grotesco pero que en manos de Koreeda se convierto en una película con gran sensibilidad.

Aún así solo era una pequeña introducción a la estupenda filmografía que nos iba a regalar los siguientes años. Primero llegó Kiseki (Milagro) (2011), que demuestra de forma sublime que una película sobre la infancia no tiene por qué ser infantil, y dos años después De tal padre, tal hijo (2013), un drama en el que unos padres descubren que el hijo que han estado criando durante seis años pertenece a otra familia y que enamoró a Steven Spielberg en el Festival de Cannes, donde se llevó el Premio del Jurado.

Hubo que esperar otros dos años más para que estrenara Nuestra hermana pequeña (2015) pero desde ese momento estrenó una película por año: Después de la tormenta (2016), El tercer asesinato (2017), Un asunto de familia (2018) y La verdad (2019). En todas ellas hace patente su interés en contar historias humanas cuyo eje principal sea las relaciones familiares, ya que hasta en la intriga El tercer asesinato el componente familiar tiene peso en la trama.

Entre estos títulos cabría destacar Un asunto de familia, que ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes y La verdad, su primera película no rodada en japonés y que cuenta con Catherine Deneuve, Juliette Binoche y Ethan Hawke en su reparto.



Bong Joon-ho

No nos movemos de oriente para hablar del director que consiguió que todo el mundo se fijara en el estupendo cine coreano, país que desde principios de siglo ha dado grandes alegrías a todos los cinéfilos.
Lo curioso es que ese mismo director, que anteriormente nos había entregado películas tan buenas como Memories of Murder (2003)The Host (2006), no consiguió estrenar en España Mother (2009), que llegó directamente a DVD a principios de la década.

Aunque esta intriga sobre una madre que intenta convencer a todo el mundo de la inocencia de su hijo no tuvo el éxito que se merecía, fue la última película de su filmografía que pasaría desapercibida, ya que unos años después estrenaría un estupendo thriller de ciencia-ficción post-apocalíptico con Chris Evans de protagonista que sería bien recibido en taquilla. 

Pero todavía fue mayor la atención que llamó Okja (2017). Primero, por ser uno de los primeros grandes títulos de Netflix, y segundo por el revuelo que levantó en su estrenó en el festival de Cannes por la ya comentada oposición de los distribuidores por su presencia en la competición. Pero esta fábula ecologista solo era un aperitivo de lo que iba a llegar, porque dos años después Parásitos (2019) se convertía en la primera película coreana en ganar la Palma de Oro, y lo más sorprendente de todo, la primera película en lengua no inglesa en ganar el Óscar a la mejor película.

Esta historia sobre una familia con pocos recursos que empieza a trabajar en la casa de una familia adinerada conquistó al público de todo el mundo utilizando los recursos que lleva usando Bong Joon-ho durante toda su filmografía: mezcla de géneros, presencia variable del humor, cámaras lentas, utilización de música sinfónica y toques de violencia. Un cóctel que el director coreano siempre ha sabido manejar muy bien y que con esta obra llegó a su culmen, abriendo las puertas al gran público de las producciones de otros países. 



Jacques Audiard

Y de Asia nos vamos a Europa para repasar las películas que el director parisino Jacques Audiard nos ha entregado durante esta década.
Aunque cuenta con una larga carrera como guionista que comenzó en los años 80, su nombre empezó a ser reconocible para los seguidores del cine francés a partir de su segunda película como director, Un héroe muy discreto (1996), que fue premiada al mejor guión en el festival de Cannes. Y fue en ese mismo festival donde 13 años después presentaría la película que le colocaría como uno de los grandes directores del cine francés, Un profeta (2009), un estupendo drama criminal que se llevaría el Gran Premio del Jurado y que no llegó a las salas españolas hasta el 2010.

Su filmografía posterior tendría historias que tocan distintos géneros, como la romántica relación entre dos personajes heridos protagonizada por Marion Cotillard en De óxido y hueso (2012), el drama sobre una falsa familia de inmigrantes que ganó la Palma de Oro en Dheepan (2015) y su primera película grabada en inglés, el original western protagonizado por Joaquin Phoenix, John C. Reilly y Jake Gyllenhaal llamado Los hermanos Sisters (2018).

Títulos muy diferentes entre sí pero que tienen rasgos en común, como unos protagonistas marginales, casi siempre masculinos, que están en proceso de cambio, buscando una segunda oportunidad pero que no pueden evitar que la violencia acabe formando parte de sus vidas.



Yorgos Lanthimos

Seguimos en el cine europeo con el director más extraño de todos, Yorgos Lanthinos, principal representante de la nueva ola rara griega (Greek Weird Wave en inglés).
El director ateniense se dio a conocer en los círculos más cinéfilos cuando ganó en el festival de Cannes el premio "Una cierta mirada" con Canino (2009), un extraño drama sobre tres hermanos que viven recluidos en una casa donde reciben una distorsionada educación por parte de sus padres. Este trabajo definía muy bien algunas de las constantes de su obra durante el resto de década: creación de microcosmos surrealistas, aparición puntual de violencia cruda, humor absurdo y sexo con ausencia de sentimientos.
Estos elementos le han servido a Lanthimos para cuestionar la educación que recibimos, las relaciones familiares, las de pareja, la moralidad, y el poder en películas como Alps (2011) —donde unos trabajadores sustituyen a familiares fallecidos hasta que superan la pérdida—, Langosta (2015) —una historia en la que los solteros son convertidos en animales si no encuentran pareja en 45 días—, El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) —que narra los siniestros acontecimientos que sufre una familia debido a la malsana relación que tiene el padre con un adolescente— y La favorita (2018) —una película histórica sobre la lucha de poderes entre dos mujeres por conseguir los favores de la inestable reina Ana Estuardo—.

Con cada uno de los títulos con los que ha ido aumentando su filmografía el director fue puliendo esas personales características para adaptarse a distintos géneros, lo que le permitió acercarse poco a poco a un público más amplio, hasta llegar a la carrera final de los Óscars con su última película.



Alberto Rodriguez

Aunque Pedro Almodóvar, Isabel Coixet y J.A. Bayona sean los nombres españoles que más suenan en el ámbito internacional estos años, el género que ha explotado en la cinematografía nacional durante la década ha sido el thriller, y gran parte de la culpa es de Alberto Rodriguez.
El director de cine sevillano comenzó su carrera a principios de siglo, pero han sido sus últimos trabajos donde ha demostrado lo bien que se maneja haciendo cine de género. Su primer policíaco fue Grupo 7 (2012) donde una pareja de policías interpretados por los omnipresentes Antonio de la Torre y Mario Casas desarrollan su labor antidrogas en una Sevilla pre-Expo. Esa estupenda película llamó la atención de muchos espectadores, pero no fue nada comparado con el éxito que tendría su siguiente proyecto, La isla mínima (2014).

El thriller rural rodado en las marismas del Guadalquivir fue uno de esos éxitos que ponen de acuerdo a la crítica y al público. Con una estética por la que recibió comparaciones con la primera temporada de True Detective (a pesar de que se grabó antes de que estrenaran la serie) y un trama que tiene ecos de películas como Seven (1995) o Mermories of Murder (2003), Rodriguez supo llevar con maestría una historia inspirada en el crimen de Alcàsser a la España rural post-franquista.

Tras arrasar en los premios Goya —es una de las 4 películas que ha alcanzado los 10 premios en toda la historia de los premios— el director llevo a la pantalla en El hombre de las mil caras (2016) la historia de Francisco Paesa, el ex agente secreto del gobierno español que traicionó a Roldán cuando era director de la guardia civil.

Desde entonces ha estado centrado en la realización de la serie La Peste, donde sigue explotando sus dotes para el thriller, pero mientras tanto sus fans esperan que vuelva al cine para que siga demostrando su brío tras las cámaras.



Los hermanos Russo

Dejamos atrás el cine europeo para centrarnos en el cine de superhéroes, como no podía ser menos en una década en la que han reinado en la taquilla. Y si hablamos de cine de superhéroes, ¿qué menos que hablar de Anthony Russo y Joe Russo?
Resulta curioso cómo esta pareja de hermanos acabó tomando el control en la parte final del Universo Cinematrográfico de Marvel ya que empezaron su carrera como directores de dos comedias como Bienvenidos a Collinwood (2002) y Tú, yo y ahora... Dupree (2006). A estas películas les siguieron la realización de múltiples episodios en diferentes series cómicas, pero fue Community la que les abriría las puertas para trabajar en la franquicia cinematográfica más ambiciosa de la historia.  Esta estupenda sitcom tenía entre sus características el jugar continuamente con géneros y formatos como el terror, los videojuegos, las marionetas, el documental, las partidas de rol o la ciencia-ficción; lo que les permitió demostrar que podían manejarse muy bien en cualquier género.

Como se comentó en el especial dedicado a superhéroes, mientras ellos estaban centrados en la televisión Disney necesitaba realizadores competentes pero que pudieran controlar para dirigir sus películas de Marvel, así que la elección de los hermanos Russo para dirigir Capitán América: El soldado de invierno (2014) pareció una opción lógica. Lo que nadie esperaba es que unos realizadores fraguados en la televisión fueran a realizar una de las películas más interesantes del MCU.

Al éxito de crítica y público que tuvieron en su estreno en el mundo de los superhéroes se sumó que Joss Whedon, otro director salido de la televisión que había hecho suyo el primer crossover de Marvel en Los Vengadores (2012), dejara la Casa de las Ideas tras Vengadores: La era de Ultrón (2015). Esa deserción les dejó vía libre para ponerse al mando de las películas que supondrían el clímax de la Saga del Infinito  —Vengadores: Infinity War (2018) y Vengadores: Endgame (2019)— tras dirigir la tercera parte protagonizada por Steve Rogers, Capitán América: Civil War (2016), que por el número de superhéroes que aparecían en ella casi podría considerarse otra película de los Vengadores.

Con estos cuatro títulos se acabaron convirtieron en los directores más taquilleros de la década así como adorados por los millones de fans que tiene Marvel en todo el mundo, razones de peso para destacarlos como unos de los realizadores más importantes de la década 




Matthew Vaughn

Aunque el director inglés empezó su carrera como productor de las primeras películas de Guy Ritchie —Lock & Stock (1998)Snatch. Cerdos y diamantes (2000) y Barridos por la marea (2002)— esta década se ha manifestado como uno de los mejores directores de acción de la actualidad, presentando una filmografía mucho más consistente que la del ex de Madonna.
Tras adaptar al cine una novela de Neil Gaiman en Stardust (2007), el material de partida de todas las películas de Matthew Vaughn han sido cómics, especialmente escritos por Mark Millar, a los que ha sabido dotarles de su particular estilo. Un estilo fílmico que se caracteriza por unas imaginativas escenas de acción rodadas con un alocado ritmo que no afecta a la claridad de las secuencias, la utilización de originales transiciones entre escenas y un irónico sentido del humor —curiosamente características muy presentes en el cine del también británico Edgar Wright—.

Con esas armas ha podido enfrentarse a dos películas de superhéroes tan diferentes como la violenta Kick-Ass: Listo para machacar (2010) o la fresca renovación de la franquicia liderada por el profesor Xavier en X-Men: Primera generación (2011) para posteriormente llevar al cine la saga de cómics sobre espías británicos The Secret Service en las estupendas Kingsman: Servicio secreto (2014) y Kingsman: El círculo de oro (2017).



James Wan

Sigo con el cine comercial con el que ha sido uno de los directores de Hollywood más exitosos de la década, el australiano de origen malayo James Wan.
El director se hizo mundialmente famoso con su debut en la industria Saw (2004), origen de una de las franquicias de terror más famosas del siglo. Tras un par de películas que pasaron un poco más desapercibidas volvió a retomar el pulso al género con Insidious (2010), una de las primeras películas que la productora Blumhouse puso en marcha tras el éxito de Paranormal Activity (2007). El éxito de dicha producción —que daría origen a otra saga cuya segunda parte, Insidious: Capítulo 2 (2013) también dirigió— animó a Warner para ponerle al frente de Expediente Warren: The Conjuring (2013). Esta vuelta al cine más clásico de terror se convirtió en uno de los fenómenos de la década, coronándole como el maestro del género de terror en lo que llevamos del siglo.

Esa película dio lugar a un universo que abarcaba a las múltiples secuelas y spin-offs que surgieron a partir de los espíritus a los que se enfrentaba el matrimonio Warren en dicha producción y en su secuela, Expediente Warren: El caso Enfield (2016), que también dirigió Wan.

A pesar de las grandes cifras que alcanzaron sus películas de terror, el director salió de su zona de confort para dirigir Fast & Furious 7 (2015), séptima parte de la saga de acción protagonizada por Vin Diesel que se convirtió en la película más taquillera de la franquicia y última en la que apareció Paul Walker antes de su repentina muerte.

Su buena mano para la taquilla se reafirmó con su acercamiento al cine de superhéroes en Aquaman (2018), que gracias al carisma de Jason Momoa se convirtió en la película más taquillera a nivel mundial del Universo extendido de DC y le confirmó como una de las apuestas más seguras para poner en la silla del director a la hora de dirigir una superproducción.



Futuras Promesas
A todos estos nombres que han consolidado su carrera estos 10 años he querido sumar tres nuevos realizadores que solo han realizado dos películas esta década pero cuyas obras presentan la suficiente personalidad como para augurarles un futuro prometedor. Dos de ellos están centrados en el cine de terror y la cuarta es de las pocas mujeres que parecen llegar con fuerza para destacar entre tanto hombre.
  • Greta Gerwig: Aunque es la única realizadora de este grupo que cuenta con 3 películas en su haber, la primera la codirigió en la década pasada y tuvo tan poca relevancia que se puede considerar que su carrera empieza en esta década. La musa del mumblecore llegó a los Óscar con Lady Bird (2017), un coming-of-age sobre una joven a punto de terminar el instituto que se hizo conocida porque en su día rompió un récord en Rotten Tomatoes. La cosa podía haberse quedado ahí como les pasa a muchos realizadores indies, pero la fresca adaptación del clásico literario que hizo en Mujercitas (2019) le augura un futuro prometedor.
  • Robert Eggers: este director llamó la atención de los críticos con La Bruja (2015), una opresiva historia de terror centrada en una familia de colonos a mediados del siglo XVII, y revalidó su talento con El faro (2019), una lisérgica película en blanco y negro sobre dos fareros que llegan a un aislada isla donde se desata la locura. Capaz de crear imágenes bellísimas a la par que tétricas, sus interés en la mitología y el riesgo de sus proyectos prometen dar muchas alegrías.
  • Ari Aster: bautizaron su debut, Hereditary (2018), como El Exorcista (1973) del siglo XXI y compararon a Midsommar (2019) con el clásico del folk horror El hombre de mimbre (1973). Sin embargo el director judío no copia estas películas sino que las toma de inspiración para llevarlas a su malsano terreno, donde el chasquido de una lengua o un luminoso pueblo de Suecia pueden convertirse en una auténtica pesadilla para sus torturados personajes.



25 Películas de los 25 directores más importantes de la década

Por último, para terminar con este repaso a los directores más importantes de la década, quiero terminar con una pequeña lista en la que destaco una película por cada uno de los 25 directores arriba mencionados. Aunque con algunos directores ha sido realmente difícil elegir solo una de sus obras, al final he intentado seleccionar la obra que considero más relevante en la trayectoria de cada director durante estos años y que es un buen punto de partida para iniciarse en su filmografía.

Para evitar cualquier tipo de conflicto en el orden he decidido poner la selección en función de su fecha de estreno en España.


Un profeta (2009)
Origen (2010)
La red social (2010)
Nader y Simin, una separación (2011)
Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (2011)
Django desencadenado (2012)
La noche más oscura (2012)
El lado bueno de las cosas (2012)
Expediente Warren: The Conjuring (2013)
El lobo de Wall Street (2013)
El Gran Hotel Budapest (2014)
Kingsman: Servicio secreto (2014)
La isla mínima (2014)
El renacido (2015)
La Bruja (2015)
Langosta (2015)

La llegada (2016)
La la Land (2016)
La forma del agua (2017) 
Roma (2018)
Vengadores: Infinity War (2018)
Un asunto de familia (2018) 
Midsommar (2019)
Parásitos (2019)
Mujercitas (2019)





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Tras este repaso a los principales responsables de las películas en la siguiente entrada me centraré en los que se ponen delante de las cámaras.






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